JOSÉ ROBERTO MARTÍN PÉREZ HIJO PREDILECTO DE VILLA DE MAZO

El pasado 18 de marzo de 2021, Día del Municipio en Villa de Mazo, el ayuntamiento hizo entrega del título de Hijo Predilecto al maestro y artista José Roberto Martín Pérez, Berto como le conocemos todos, en cumplimiento de un acuerdo adoptado en sesión celebrada el 30 de enero de 2020.

A esta ceremonia de entrega del Título de Hijo Predilecto, en el salón principal del Centro Cultural Andares de esta Villa y que estuvo presidida por la alcaldesa Goretti Pérez Corujo, asistió la corporación municipal, autoridades insulares, autonómicas y nacionales y un número de asistentes limitado, por las normas sanitarias por la pandemia covid-19, entre los que se encontraban familiares del homenajeado, compañeros de profesión, miembros de instituciones locales, amigos y vecinos.

La alcaldesa destacó en José Roberto su amor por nuestras costumbres y tradiciones, que representan y definen nuestras señas de identidad. Que es alguien que ha trabajado siempre para mantener vivo el espíritu de nuestra cultura, nuestra artesanía y nuestras costumbres, en definitiva nuestro patrimonio. Su especial interés por investigar y transmitir la rica herencia cultural de nuestros antepasados, así como por conservar las distintas manifestaciones culturales, artísticas y artesanas que definen a nuestro pueblo. Le agradece a José Roberto su empeño y dedicación durante tantos años y desea que esos valores que hoy se reconocen en él pasen de una generación a otra perpetuando así nuestras más entrañables características.

El concejal de cultura Omar Fumero, instructor del expediente, intervino para destacar aspectos de la extensa biografía de Berto. Su pertenencia a distintos colectivos como el de las Escuelas Rurales, el Consejo Municipal de Cultura, el Colectivo Rayas o la Asociación Nuevo Surco, entre otros. Su paso por distintos centros educativos hasta llegar a la escuela unitaria de Tigalate en 1983 y como defensor de este modelo de escuela desde el Colectivo de Escuelas Unitarias; su participación activa en las manifestaciones culturales del municipio y fuera de él. Otros aspectos reseñables fueron su faceta de artista creativo como diseñador gráfico en un amplio abanico de situaciones, o su estilismo en los enrames de iglesias, la Fiesta de Cruz o la Fiesta de Corpus, así como la labor realizada como creativo en el mundo de la artesanía.

Adolfo Rodríguez como compañero de profesión y miembro del Consejo Municipal de Cultura intervino para hacer una semblanza de la profesionalidad de Berto como maestro de la escuela de Tigalate en sus 30 años de permanencia en este centro y de su talante artístico, creativo y emprendedor que supo siempre compatibilizar con el trabajo como docente. Destacando su faceta de diseñador en los más diversos ámbitos: los arcos para la fiesta de Corpus, los enrames de la fiesta de La Cruz, esculturas o monumentos en la calle, carteles para todo tipo de  eventos, bordados, piezas artesanas, banderas, logotipos, etc. Se destaca también el interés y entusiasmo en la defensa de las tradiciones y costumbres populares, así como la lucha por dar a conocer y cuidar el entorno natural privilegiado que tenemos en el municipio y en toda la Isla.

A continuación la Sra. Alcaldesa entregó el pergamino con la siguiente leyenda:

 “Merced a su dilatada e incansable dedicación a Villa de Mazo siendo una de las personas más activas en la vida cultural y artística de nuestro municipio, con especial interés en investigar y transmitir las costumbres, tradiciones y anécdotas de nuestros antepasados, y en conservar las manifestaciones culturales, artísticas y artesanas que definen a Villa de Mazo”.

Después de hacer la entrega del título intervino Roberto Martín, el hijo de Berto, para presentar el documental que elaboró con motivo de este nombramiento de Hijo Predilecto en la persona de su padre. Destacó lo mucho que ha aprendido de él y lo orgulloso que se siente de haber tenido a Berto no sólo como padre sino también como maestro.

Posteriormente se proyectó dicho documental. Un fotomontaje con algunas entrevistas y voz en off ensalzando la figura del homenajeado.

Finalmente intervino Berto para pronunciar unas palabras de agradecimiento a todos, con un recuerdo especial para sus alumnos y familias del colegio de Tigalate, porque allí, a lo largo de sus 30 años aprendió a ser Maestro y les enseñó un poco a vivir su pueblo.

Expresó el orgullo por pertenecer a un pueblo “coronado por montañas, con laderas cubiertas por hemorragias de lavas que caen sobre el mar, coaguladas y secas. Un mar de fronteras infinitas por donde arriesgaron la vida sus hijos hambrientos de mejores destinos. Hombres y mujeres de un pueblo que allí donde llegaron dieron gloria a Villa de Mazo”. Un pueblo con muchos hombres y mujeres con vidas destacadas que han pasado a formar parte de la Historia Viva del pueblo para orgullo de sus habitantes. Se expresa diciendo que le parece impensable que su nombre vaya a formar parte de ese grupo de personajes ilustres y que no se considera con los méritos necesarios para entrar en ese grupo de Hijos Predilectos del municipio, a los que admira y reconoce como referentes para cualquier hijo de esta Villa.

Manifiesta que “el solo hecho de haber nacido en Villa de Mazo ya le hace sentir predilecto. Predilecto por haber podido aprender de la sabiduría de sus gentes, una filosofía de vida que me ha sido útil para amarlo y servirlo. Predilecto por haber nacido en el seno de una  familia humilde, respetuosa con las tradiciones, cargada de los valores humanos y sociales necesarios para desarrollarme como persona. Predilecto por disfrutar de la gente que antepone el amor por el servicio al pueblo al de sus intereses personales. Predilecto por haber adquirido mis primeras vivencias dentro de diferentes grupos sociales que han brindado el conocimiento del pasado de un pueblo y de sus gentes, gentes esforzadas, ilusionadas en sacar para adelante proyectos por el bien común de sus barrios y del pueblo. Predilecto también por ayudar a construir un pueblo al pie de de sus gentes, de la Rosa a Flores, gentes que ya no están, que se han ido, pero que han dejado en mí el conocimiento de unos valores inconmensurables que no he olvidado y que han servido para seguir adelante, progresando, construyendo el futuro, una herencia para las nuevas generaciones”.

Expresa un agradecimiento especial a su familia por el apoyo y aliento que siempre le brindan y una petición al “Genio de lo posible” solicitándole un “pueblo respetuoso con el medio ambiente, con senderos cuidados que nos inviten a disfrutar de sus rincones, un mar de aguas limpias, hombres y mujeres de tierra y mar, sabios, que sepan obtener sus frutos con el equilibrio necesario, un pueblo sin desigualdades sociales, con un patrimonio bien conservado, con escuelas vivas que palpiten en los barrios sin amenazas de cierre, con espacios adecuados para jóvenes y mayores, (…) un pueblo bien servido por los suyos, donde impere la tolerancia, el consenso y el entendimiento”.

Terminó su alocución con un

BRINDIS POR NUESTRO PUEBLO

El pueblo que yo quiero

Es el mío y es el tuyo

El pueblo que  quiero

Es de los dos también

Es de lavas que dan flores

En todas las primaveras

El pueblo que yo quiero

es de gentes artesanas

que hacen milagros con flores

cuando se los pide el cielo.

El pueblo que tú quieres

es el que yo quiero también

que festeja al pan y al vino

en la tierra busca el pan

de la tierra saca el vino.

El pueblo que todos queremos

está de arcos y alfombras ornado

herencia de sus mayores

herencia de sus antepasados.

Tiene historias y leyendas,

algunas por desvelar

leyendas de hombres y mujeres,

artistas que lo han modelado.

El pueblo que tú quieres

es de todos a la vez,

lo quiero sin fronteras

con gentes de manos abiertas

y de amistad sincera.

Para finalizar y como gesto de agradecimiento, Berto hace entrega a la Sra. Alcaldesa de un bastón de mando, elaborado en madera de cedro de La Palma por el prestigioso artesano Víctor García Pérez, en cuya empuñadura lleva grabada la leyenda “AMOR Y SERVICIO A VILLA DE MAZO”. 

Los últimos carboneros de Villa de Mazo

 

Las referencias históricas-geográficas, repartidas por todo territorial insular, recogen el ancestral oficio de los carboneros y lo refleja la toponimia de la isla canaria de La Palma. Por siglos la leña seca y el carbón fueron el combustible necesario e insustituible para el desarrollo de los asentamientos humanos.

En 1553 el escribano público Domingo Pérez, por escritura de fecha 26 de septiembre, detalla en las propiedades de la familia Monteverde, en el hoy parque nacional de La Caldera de Taburiente, el proyecto de aprovechamiento de las aguas y acequias entre los que se encontraba el lugar del “lomo donde se hacía el carbón”, según recoge José Agustín Hernández Martín en su obra Protocolos de Domingo Pérez escribano público de La Palma (1546-1553) publicado en 1999. Los topónimos como: Lomo del Carbón o Las Carboneras se repiten por toda la isla y diríamos que por cada uno de los municipios.

Han pasado más de cinco siglos de la incorporación de La Palma a la corona de Castilla y en el año 2001, o antes, estuve in situ en los montes de Villa de Mazo donde se seguía haciendo por viejos y ancestrales métodos carbón vegetal. Las “hornas” (carboneras), en forma de pequeñas montañitas, llenaban un llano limpio de vegetación y maleza que evitara el siempre temido fuego forestal. De ese día son las fotos de mi autoría que acompañan a este trabajo publicadas en la revista El Municipio editada por el Ayuntamiento de Villa de Mazo el 3 de abril del año 2001, hace casi 20 años.

Toda una jornada compartí con el mazuco Sandalio Díaz Díaz, nacido en 1943, junto con un grupo de familiares y amigos quienes “velaron” durante siete largos días la carbonera para que la madera o leños de brezo, falla, y cualquier otra rama seca de la variada flora de la laurisilva, se convierta en negro y aprecia­do carbón.

Durante todo el año se van recogiendo y reuniendo los trozos de madera sobrantes de los aprovechamientos forestales. Del decir de Sandalio “del monte no se desperdicia nada, pero, es duro, muy duro y los años no perdonan”. Cuando uno llega al lugar instinti­vamente retrocede en el tiempo a un lugar mágico, a un lugar desconocido. El olor a humo y tierra lo envuelve el verdor de las huertas, la fina llovizna.  El correr de niebla y nubes hace que el lugar, a las faldas del roque Niquiomo, nos transporte a vivir un relato de un cuento infantil en un bosque sobreco­gedor y único.

No sabemos con quién estamos hablando y quien es nuestro interlocutor. El carbón negro y la fina tierra barrenta apurado dejan ver los ojos y la boca. El sudor corre libremente por la cara y marca anchos surcos que semejan profundas barranqueras. Los labios de aquellos hombres, carnosos, húmedos y enrojecidos, resaltan en la cara. El carbonero se niega a saludarnos, dándonos la mano, hasta que logramos convencerlo de que no importa que la nuestra se llene de hollín y tierra, al contrario, nos emociona el sentirnos por un momento partícipes de aquel viejo y duro oficio. Las manos se unen, apretándose suavemente, y el tacto descubre lo impensable: ardientes, firmes, curtidas y agrietadas y al mismo tiempo, tiernas y sabias.

Era domingo y el anterior habían prendido fuego a las nueve hornas, cubiertas de tierra fina, y debajo, quien lo diría, un entramado de ordenados troncos secos plantados en dirección a la chimenea que se van quemando muy lentamen­te. Siete largos días bajo la vigilancia, minuto a minuto, hora tras hora, día y noche, de los carboneros. En un descuido, por cualquier grieta entra en demasía el oxígeno y se pierde la hornada convirtiéndose en ceniza.

Próximo a las hornas en una improvisada choza, cubierto con unas viejas planchas de cinc, helechillas y monte, unos colchones y unas mantas como único ajuar doméstico. En el lateral, formado por una pared de tierra que resumía frescura, propicia una peculiar “nevera” donde una retorcida raíz de brezo sostenía una botella de vino y otras de cerveza. Era el hábitat del carbonero, donde lo más moderno era un transistor apilas.

Nos consideramos afortunadas de poder vivir, en plena era de Internet, de un trabajo campesino que fue cotidiano y necesario en miles de generaciones que nos han presidido. Cuando degustamos ricos platos de carnes y pescados a la brasa gran parte de ese gusto particular lo ofrecen trozos de leña de los montes de La Palma. Detrás de ese peculiar sabor hay un viejo y sacrificado oficio: el de los carboneros. La demanda es importante y se puede decir que el poco carbón que se está haciendo en la isla está todo vendido.

Al cubrir la pila de troncos y maderas con fina tierra y prenderle fuego, sin permitir que abra chimeneas laterales, se registra una insuficiencia de oxígeno y la combustión es incompleta, de esta manera se logra el preciado y negro carbón vegetal. Una semana más tarde se quita la tierra y mezclado con cenizas y aparece el carbón ardiente. Los trozos que no quemaron parejo lo llaman “tizos” y se suelen emplear en la comida del último día o se hace una nueva horna con ellos.

Las herramientas utilizadas con sencillas: una pala de largo cabo o un rastrillo. La altura de la horna, original, ya no es el mismo, con la combustión se ha ido consumiendo considerablemente. El llano se va llenando de “ruedos” de carbón que circunda donde estaba la horna. Y comienza a escucharse al grito de ¡”Fuego”! cuando un hilo de humo sale de algún carbón o tizo. El carbonero corre con tierra para apagarlo. Más de una vez toda una hornada se ha quedado en grises cenizas.

El británico Johb Seymour, especialista de la vida rural, en su libro Artes y Oficios de Ayer. Guía práctica de los oficios tradicionales,  publicado en 1993, se lamentaba románticamente de que este oficio se perdiera diciendo: “Hoy en día, el carbón vegetal se hace en sofisticadas retortas y tiene un centenar de usos en la industria moderna, pero se han acabado los días de los hombres ennegrecidos por el humo conocedores de las costumbres del bosque. Aún así, en 1955 vi cómo se hacía carbón en esta forma en las carboneras de los alrededores de Mallorca”. Aún con este recuerdo añorado de Seymour del año 1955 en nuestra isla tenemos la gran suerte, para los que amamos las tradiciones, de vivirlo profunda­mente.

Al caer la tarde y después de una suculenta comida preparada con los tizos y carbones de la hornada empieza el recuerdo de otros carboneros, ya fallecidos, de los montes de Villa de Mazo. El carbón ha sido en La Palma oficio de hombres y mujeres. Carboneras fueron las recordadas hermanas Serafinas y Petra, apodada la mulata no porque lo fuera sino por la aparien­cia que le daba su oficio, quien junto a su marido Perico vivían en el monte donde nacieron sus hijos a los que llegaron a amarrar la vida (cordón umbilical) con una tira de una camisa vieja tiznada. También la toponimia de Villa de Mazo rememora el viejo oficio como es el caso del lugar de El Carbonero, que se encuentra entre el Calvario y La Sabina.

Durante siglos las maderas de la mítica laurisilva, por el naciente de la isla y por el poniente de almendreros, se convirtie­ron en el carbón necesario para uso doméstico, hoy la realidad es otra y va dirigido a la suculenta gastronomía tradicional preparada al fuego de sus brasas, conservando el encanto, para una gran mayoría desconocido, de su ancestral y primitivo método de obtención.

María Victoria Hernández, cronista oficial de la ciudad de Los Llanos de Aridane (2002), miembro de la Academia Canaria de la Lengua (2009) y de la Real Academia Canaria de Bellas Artes San Miguel Arcángel (2009)

El taller de cerámica El Molino cierra sus puertas después de 45 años de actividad

 

El barro palmero, de tacto rotundo, pero increíblemente delicado, ha seguido un proceso de recuperación en los últimos tiempos, iniciado en los años setenta del siglo XX. El barro y la arena de barranco continúan ofreciendo su lado más bello y dando forma a reproduc­ciones de cerámica prehispá­nica y a útiles de la tradicional loza doméstica.

Los restos cerámicos aborígenes atestiguan una cerámica muy diferente a la de las otras islas del archipiélago canario. Su belleza habla por sí sola de una civilización perfeccionista, que parece haberse perpetuado a lo largo de toda su historia en las labores artesanas de la isla canaria de La Palma. Las técnicas ancestrales universales que hicieron posible la producción alfarera benahorita se conservan en la reproducción de estas piezas, especialmente la decoración incisa y el color negro, característico del quemado y el reiterado uso doméstico.

Las vasijas prehispánicas ofrecen tres tipos diferenciados principales: la lisa, sin decoración alguna, pero con unas formas elegantes; la de metopa, con incisiones acanaladas de líneas rectas verticales, o verticales y horizontales; y una tercera, con una ornamentación profusa, incisiva, a base de círculos, espirales, puntos y rayas. Por suerte gracias a las exactas reproducciones no han desaparecido para siempre y han ayudado a divulgar, popularizar y encariñarse con el rico patrimonio aborigen palmero. Un museo es el destino natural y establecido para la arqueología, pero, algo del enigmático mundo benahorita tienen las piezas de barro artesano del taller de cerámica El Molino de Ramón Barreto Leal y Vina Cabrera Medina, nacidos ambos en 1936.

La publicación titulada “El Sistema Ortega: el molino del viento en la isla de La Palma” de Manuel Poggio Capote y Antonio Lorenzo Tena, editado por Cartas Diferentes Ediciones 2019, recoge las técnicas de molienda eólica desarrolladas por el industrial palmero Isidoro Ortega Sánchez (1843-1913) a mediados del siglo XIX. En el inmueble de uno de esos antiguos molinos, el de Monte Pueblo en Villa de Mazo, se cobija el taller de reproducción de cerámica aborigen de Ramón y Vina.

Todo empezó a partir de 1975, con trabajos previos a este año, en el sitio y hacienda de la familia Ortega Yanes, donde existió, en un cruce de caminos de herradura, espacio para la industrial, la cultura, la educación y otras actividades recreativas, económicas y de subsistencia familiar. El regreso de la casi inevitable emigración a Venezuela con conocimientos del trabajo de cerámica, el matrimonio formado por Ramón Barreto y Vina Cabrera halló en la recuperación de la por entonces prácticamente desaparecida alfarería-loza palmera la forma ideal de implantarse de nuevo en su tierra. Las primeras piezas y pruebas que realizaron Ramón y Viña, con la siempre mirada entusiasta del matrimonio formado por Antonio Soler y Myriam Cabrera, hermana de Vina, estuvieron dirigidas por la mítica y recordada locera palmera Anuncia Vidal, fallecida en 1980.

Cerca de unas 200 piezas, cada una distinta, procedentes de diferentes yacimientos arqueológicos de la geografía insular, configuran sus exactas reproducciones aborígenes que siguen las pautas de los gánigos (vasijas) benahoritas. El barro que se obtiene en los lugares geológicos más antiguos de la isla, Puntagorda, Garafía o Tijarafe, amasado con arena de barranco, es la materia prima fundamental. Una vez hecha la mezcla, se levanta la pieza, para orearla durante unos días, antes de rasparla, normalmente con un útil metálico, dándole la forma definitiva.

El siguiente paso es el pulido con agua y un callado de playa o barranco, seguido de la práctica de dibujos mediante incisio­nes, y el sacado del brillo con un callado más fino, después de impregnar la pieza con petróleo, se introduce en el horno, hasta que alcanza una temperatu­ra de 700 grados. Su característico color negro se obtiene por reducción, bajando la temperatura y reduciendo el oxígeno.

A finales del siglo XV el devenir de La Palma sufre una profunda convulsión, asumiendo, tras la conquista, los usos y costumbres de Europa. Muy escasas son las crónicas que proporcio­nan datos sobre la vida cotidiana en esa época; hay, sin embargo, una de gran valor: la recogida por Gaspar Frutuoso a mediados del siglo XVI que, entre otros aspectos, hace referencia a la utilización de tostadores de barro por la nueva sociedad palmera surgida por mestizaje. El viajero portugués dice: “Todos son criadores de cabras y ovejas, comen gofio de trigo y cebada, amasándolo en aceite, mil y leche, en tostadores que hacen de barro muy liso”. El tostador de barro es una de las primeras piezas del ajuar doméstico que se recoge documentalmente en La Palma.

El barro cocido fue también utilizado en el primer monocultivo establecido en la isla: la caña de azúcar. Para la exporta­ción de azúcar a la Europa continental había que utilizar moldes, llamados formas, de diseño cónico que posteriormente dieron lugar a un clásico de la repostería palmera: las rapaduras; aunque, obviamente, aquellas formas eran de mayor tamaño. Así se refleja en la partición hereditaria del rico colono flamenco Pedro de Van Dale, en 1621, donde se recogen “unas formas, un sino de barro, unas tinajas…”.

Ramón y Vina, como por instinto, solían acariciar contra el pecho su trabajo de barro. Parece que les costaba desprenderse de unas vasijas que durante días de trabajo habían logrado arrancar desde la rusticidad y aspereza del barro belleza.

Ha sido un largo periodo de trabajo continuo y de divulgación, 1975-2020, en vivo de la cultura prehispánica de la isla canaria de La Palma. El taller enclavado en el molino construido por el palmero Isidoro Ortega (1843-1913), antepasado de Vina, ofreció al palmero y al viajero un espacio único de puertas abiertas en la que se daban la mano la antropología y la etnografía de la molienda del gofio junto a la herrería con fragua, zapatería, carpintería, panadería, dulcería, primitivo laboratorio fotográfico, escuela y fiestas, y entre ellas la Santa Cruz y Corpus Cristi.

A mediados del siglo XX la casa del molino de Monte Pueblo se convirtió en una extensión universitaria de los primeros pasos sólidos de la arqueología palmera. En el molino había miles de cacos, vasijas, piedras moldeadas y huesos que cuidaban con mimo y veneración. Allí se fue analizando las diferencias de la cerámica aborigen. El matrimonio Soler-Cabrera dedicó gran parte de su vida a recoger miles de restos cerámicos esparcidos por la geografía de La Palma. Su casa estuvo abierta al estudio de investigadores. Llegó el momento que La Palma contó con una legislación a acatar y un Museo Arqueológico insular, Los Llanos de Aridane, y los restos arqueológicos fueron entregados, después de meses de una nueva catalogación, en el mismo lugar, por técnicos cualificados. Como bien decía Myriam Cabrera, hermana de Vina, a quien la quisiera oír: “la cerámica no son mías, deben estar dónde corresponda. Un día de estos las deposito en la puerta del Cabildo”. Trabajo le costó, pero, al fin logró que la cerámica, de al menos 500 años, saliera de la casa del molino de Villa de Mazo con destino a engrosar el valioso patrimonio de los primeros pobladores de la isla.

De ese interés familiar por el mundo prehispánico de La Palma debió ser el germen de la iniciativa de la reproducción milimétrica de los gánigos o vasijas del pasado aborigen de La Palma. Todos se pusieron en marcha, mientras cuatro niñas Mary, Vinita, Esther y Teresa Belén, revoloteaban y se impregnaban en la huerta de los barreros, de las viejas tierras arcillosas de La Palma y del humo de leña de la mítica laurisilva. La presencia infantil en estos primeros trabajos trajo un salto generacional y un paso del testigo cultural.

Así fue como el gran público logró conocer y admirar el trabajo minucioso del ajuar doméstico y ritual del barro de los primeros pobladores de Benahoare. Del esmero que puso Ramón para la copia en papel vegetal de los intricados dibujos originales dependía su exacta reproducción. Cada pieza tiene un nombre y me cabe el honor que una de ellas lleva mi nombre: Marivi.

El taller durante 45 años recibió miles y miles de visitas, sería muy difícil cuantificar. El cuidado lugar en medio de vegetación y senderos bajo las aspas y torre del molino estaba abierto siempre con el buen agrado por parte de los propietarios y empleados del taller, incluso en festivos y domingos. Fueron unos adelantados en La Palma en la oferta en vivo de unas labores artesanas exquisitas y la muestra en el interior del viejo molino, de color azul celeste como fue en sus orígenes, de un interesante repertorio de útiles de diferentes oficios de los antepasados del sitio, lugar,.

Las piezas de cerámica se conservan en diferentes colecciones, privadas y museísticas, repartidas por la geografía mundial. Ramón y Viña asistieron a ferias insulares, regionales y nacionales y recibieron reconocimientos a su labor artesana y turística. Sus vasijas fueron objeto de obsequio oficial a ilustres visitantes, preciado trozo de tierra y arena de La Palma. La imagen del taller y los rostros de Ramón y Vina ilustraron publicaciones promocionales de La Palma. Entrevistas continúas, visitas de escolares, investigadores, radio y televisión y siempre con la sonrisa en sus rostros. Hoy poseer una reproducción milimétrica del ajuar aborigen de La Palma se ha convertido, gracias a Ramón y Vina, en un auténtico placer para los amantes de las cosas únicas.

Después de más de cinco siglos de la castellanización las manos de los artesanos de El Molino reviven una cultura que, aún hoy, después de tanto tiempo permanece envuelta entre la magia de bellas leyendas.

Ahora se abre una incógnita y la pregunta salta de inmediato: ¿Habrá continuidad la reproducción de cerámica aborigen de Ramón y Vina? El tiempo lo dirá.

María Victoria Hernández, cronista oficial de la ciudad de Los Llanos de Aridane (2002), miembro de la Academia Canaria de la Lengua (2009) y de la Real Academia Canaria de Bellas Artes San Miguel Arcángel (2009)

Presentación del libro “Hasta los Huesos” en el museo Casa Roja

El pasado 30 de octubre se presentó en el museo Casa Roja el libro de poemas “Hasta Los Huesos” de Rober Fumero.

Hasta los Huesos” es un trabajo lleno de ilusión, según nos cuenta el joven escritor de Villa de Mazo Rober Fumero, con 63 poemas, escrito durante el año 2019 y salió a la venta el 18 de septiembre de 2020.

Rober Fumero ha desarrollado su vena artística a través de la música, tocando la guitarra eléctrica, en un grupo de pop-rock local llamado Taimuca con el que grabó dos discos, “Ahora no antes” en 2002 y “Reset” en 2007. Tras la separación de la banda, en el año 2009, comienza a su andadura personal, donde experimenta, sin dejar de lado la música, con la pintura y la escritura. Esto derivó en la realización de varias exposiciones de pintura en acrílico durante la última década. Tras un problema de visión que dificultaba la tarea de leer o escribir y de varias visitas a distintos especialistas, recibió, quizás entre bromas, el consejo de “dejar las letras de lado”. Este fue el motivo, impulso contradictorio, por el cual nace este libro.

Exposición de Domingo Cabrera en el museo Casa Roja

Desde el pasado mes de julio y hasta finales de este mes de noviembre ha permanecido abierta al público, en el museo Casa Roja de este municipio, la exposición “La Impronta Inventada” del pintor Domingo Cabrera.

Domingo José Cabrera Benítez nació en Santa Cruz de La Palma, donde desarrolló sus primeros estudios para, posteriormente, formarse en la Facultad de Bellas Artes en Sevilla. Con ello, se convierte en licenciado en Conservación y Restauración de Obras de Arte por la Facultad Santa Isabel de Hungría. Vuelve a Sevilla y a Córdoba y abre un estudio, donde realiza actuaciones para Hermandades de penitencia de La Semana Santa sevillana y piezas para particulares. Domingo José Cabrera Benítez reside actualmente en La Palma y combina su labor de conservador y restaurador con su actividad creativa.

El 16 de octubre tuvo lugar en este mismo museo, la charla-encuentro “EL DIBUJO INMEDIATO” del artista Domingo Cabrera, en la que el autor abordó su particular visión del dibujo.

Festividad de San Blas, Patrón de Villa de Mazo

Para celebrar la festividad de San Blas en Villa de Mazo se han programado una serie de actos para la primera semana de febrero. Entre ellos, una exposición de pintura, la celebración solemne de la Eucaristía en honor al santo patrón, torneo de ajedrez, actuación del grupo Different en el mercadillo municipal y cuentacuentos familiar  y actuación musical de piano jazz del ciclo “Café-Concierto”  en el museo Casa Roja.

El 3 de febrero, dentro de estos actos programados, ha tenido lugar la celebración solemne de la Eucaristía con ofrenda floral al santo y la ofrenda solidaria destinada a Caritas, en el templo parroquial de Villa de Mazo. En el trascurso de la ceremonia a la que asistieron autoridades insulares y locales se realizó la tradicional ofrenda floral a San Blas por parte de instituciones, asociaciones culturales y recreativas y colegios del municipio. Al terminar el acto tuvo lugar la procesión por los lugares de costumbre y al regreso al templo se procedió a la bendición y reparto de los panes.

Presentación del libro: La Prestamista. De María del Mar Rodríguez.

El 13 de diciembre de 2019, en el Museo Casa Roja de Villa de Mazo se presentó el libro: “La Prestamista”, de la autora María del Mar Rodríguez. La novela está ambientada en el entorno rural de Villa de Mazo, en la segunda mitad del siglo XVIII y primera mitad del XIX, en una sociedad y un tiempo marcados por profundos cambios políticos y sociales.

La alcaldesa abre el acto de presentación del libro haciendo mención a la biografía de María del Mar, que comienza con su nacimiento en Caracas y que luego se divide entre su estancia, desde muy pequeña en Villa de Mazo, en La Palma, y más tarde en la isla de Tenerife. Valora la iniciativa de la autora y agradece que haya querido venir a Villa de Mazo, su pueblo, para presentar su libro.

La autora, por su parte, nos cuenta que siempre le ha gustado leer y escribir, pero que ésta es la primera vez que da el paso a publicar algo. Se trata de su primera novela en la que la trama discurre en torno a personajes que sufren los avatares del destino en un entramado de amor y valentía, donde el coraje es una virtud para superar las dificultades en un ambiente rural empobrecido y diezmado por la emigración.

Agradece a la alcaldesa y a la institución que representa la colaboración prestada para hacer la presentación en un lugar tan emblemático como la Casa Roja. Considera su obra un milagro por la acumulación de buena suerte en el recorrido hasta ser publicada. Tuvo ayuda y el destino se alió para que diseñadores, correctores, historiadores, amigos y la editorial se confabularan para que esta novela viera la luz. Todo ha sido generosidad por parte de mucha gente, nos dice María del Mar.

Tuvo palabras emocionadas para su familia,  sus padres y abuelos, grandes relatores, de los que tantas historias escuchó, en especial su padre José, su abuelo Máximo, su tía Florinda y sus abuelas Inés y Teodora, a los que tanto quería y de los que tanto aprendió.

Bodegas el Hoyo celebra su 25 aniversario

A lo largo del pasado día 30 de noviembre se desarrolló el programa de actividades previsto para la celebración del 25 aniversario de Bodegas el Hoyo, en la propia bodega y en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Villa de Mazo.  

En la mañana se realizó la jornada de puertas abiertas en las instalaciones de la Sociedad Agraria de Transformación (SAT) en la que los visitantes pudieron conocer mejor el funcionamiento de la bodega a través de la información facilitada por su enólogo Enrique Pérez Rodríguez  mientras se hacía un recorrido por sus distintos departamentos y terminó con una cata de sus vinos en la sala de degustación.

En la jornada de tarde, en el salón de plenos del ayuntamiento de Villa de Mazo, bajo la coordinación del actual presidente de la SAT Adalberto Martín, tuvo lugar un entrañable acto de homenaje y agradecimiento a las personas que han ejercido el cargo de presidentes de esta Sociedad Agraria a lo largo de su historia: Juan Fernando Tabares, Gregorio González, Juan José Méndez, José Gregorio Pérez y José Reyes, al personal que está al servicio de la empresa desde la creación de la bodega en el año 1994: su enólogo Enrique Pérez, y los-as trabajadores Rafael de Paz, Mary Leal, Ángel Víctor González, así como a las personas que han colaborado en la realización del acto: Adolfo Rodríguez, Sergio Rodríguez, Juan José Pérez y Marlene Cabrera.

En el transcurso del acto se proyectó un pequeño documental en el que hacía un recorrido por la historia de Bodegas el Hoyo desde sus inicios como Unión de cosecheros de Vinos Artesanales de Villa de Mazo en el año 1985, la creación de la Denominación de Origen “La Palma”en 1994, la construcción de la nueva bodega en ese mismo año y la evolución en el proceso de elaboración de los distintos tipos de vinos que comercializa esta Bodega.

La alcaldesa de Villa de Mazo en su intervención felicita a todos los socios por este aniversario, a los presidentes que se han desempeñado su cargo con dedicación y esfuerzo a favor de esta Sociedad, al personal a su servicio y ofrece la colaboración del Ayuntamiento para que esta importante Sociedad de viticultores siga desarrollando su actividad en el futuro. El Sr. consejero del área de agricultura del Cabildo Insular, José Adrián Hernández por su parte se sumó a las felicitaciones, alabó la calidad de los vinos que tenemos en La Palma y ofreció su apoyo al sector desde el área que dirige en la institución insular.

Para finalizar las actividades del día, los numerosos asistentes pudieron degustar los vinos de Bodegas el Hoyo en las instalaciones de la Sociedad de Instrucción y Recreo La Unión. 

Celebración del 50 aniversario de la creación de la Escuela Insular de Artesanía

El pasado día 16 de noviembre el Cabildo Insular de La Palma celebró el cincuenta aniversario de la inauguración oficial de la Escuela Insular de Artesanía, situada en el municipio de Villa de Mazo.

En las instalaciones de este emblemático lugar, en cuyo patio central se colocó una exposición fotográfica que contemplaba todo el recorrido histórico de este Centro artesano desde su creación hasta nuestros días, intervino el Presidente y la Consejera responsable del área de artesanía del Cabildo  Insular, manifestando el valor del trabajo realizado por la Escuela Insular a lo largo de los años para recuperar oficios artesanos que se estaban perdiendo  y  el esfuerzo y constancia de las maestras artesanas que durante años lucharon por transmitir esos conocimientos a las generaciones más jóvenes.

A continuación, en el salón de plenos del Ayuntamiento, se proyectó un vídeo de la productora Más o Menos Regular sobre la historia de la Escuela y el maestro Adolfo Rodríguez impartió una charla haciendo un recorrido histórico de estos cincuenta años de existencia de la Escuela de Artesanía, los cuales discurren paralelos a la historia del municipio por hallarse fuertemente vinculada a la vida social y cultural de este pueblo desde su creación en el año 1969.

Detrás de esta iniciativa  estuvo el maestro D. Antonio Soler que fue alcalde de la Villa desde el año 1964 hasta principios del año 1970 y su mujer Doña Miriam Cabrera,que fue promotora e impulsora de la idea de la creación de este centro, que contó desde sus inicios con una sala de telares, defendida por María García; una sala para cestería, cuya maestra fue Felisa Rodríguez y otra para bordados, donde Agapita Hernández fue la maestra bordadora.

La Escuela ganó prestigio por el trabajo serio, intenso y riguroso, conforme a las tradiciones artesanas más puras, que allí se realizaba.  Doña Miriam nos dice que “siempre un trabajo artesano firmado por la Escuela de Artesanía tenía la garantía de un trabajo bien hecho y auténtico”.

La Escuela  realizó innumerables cursos de todo tipo de modalidades artesanas dentro y fuera de sus instalaciones, participó en numerosas exposiciones de artesanía en diferentes lugares del territorio nacional y desarrolló una gran labor sociocultural en la Isla de La Palma.

Además de atender aspectos artesanos, este centro se convirtió en el lugar de encuentro de la juventud y el nacimiento de muchas otras iniciativas de carácter sociocultural. Se impartían cursos de cocina, corte y confección, tintes naturales, seda… y muchos otros cursos de distintas artesanías como los de cardado de la lana, trabajos diversos con el lino, elaboración de trajes típicos, otras modalidades de cestería, etc.  También tuvo durante largos periodos de tiempo una maestra que impartía cursos para la preparación del Certificado de escolaridad y se impartieron cursos de guitarra y baile folclórico, lo que permitió que se creara el grupo folclórico de Villa de Mazo y resurgió el grupo de Lo Divino de este municipio.

Cincuenta años después de su creación para recuperar y enseñar oficios artesanos en peligro de extinción, sigue teniendo ese reto por delante, lo que justifica la necesidad de que las autoridades insulares sigan apoyando y defendiendo el espíritu de lucha que siempre caracterizó a esta Escuela Insular de Artesanía.

Rose Marie Dähnke presenta un nuevo libro

El pasado día 16 de octubre de 2019 en la Casa Roja de Villa de Mazo tuvo lugar la presentación del libro “80 setas comestibles en La Palma” de la investigadora y prestigiosa micóloga Rose Marie Dähncke.

El acto de presentación contó con la presencia de la autora Rose Marie Dähncke; la alcaldesa de Villa de Mazo, Goretti Pérez Corujo; el concejal de Desarrollo Local, José Francisco Luis Sánchez y la consejera de cultura del Cabildo Insular de La Palma Jovita Monterrey.

La autora de este interesante libro quiso hacer la presentación en esta emblemática Casa Roja, museo desde el año 1999, porque en este lugar se encuentra ubicado el Centro de micología Dähnke.  Este centro cuenta con el material donado por la investigadora alemana Rose Marie Dähncke, tras más de 30 años estudiando los hongos de la Isla y que recopila información sobre los últimos 70 años de investigación en este campo a nivel europeo. Este centro pretende ser un referente para los investigadores en la materia y con la finalidad principal de divulgar la riqueza micológica de La Palma, así como formar a profesionales, especialmente de la cocina, y a los aficionados a la recolección de setas.

La autora del libro hace un recorrido por los muchos años que ha dedicado a la investigación, tanto en La Palma como en otros lugares del mundo. Insiste en el interés y la importancia que tiene la existencia de más de mil quinientas especies de setas en la Palma para fomentar el turismo y la asistencia a esta isla de investigadores y curiosos de esta ciencia.

En la presentación la alcaldesa felicita y agradece a la autora su dedicación a la micología  y esfuerzo realizado por difundir sus conocimientos, lo que ha ido despertando en los habitantes de La Palma el interés por este tema.

Por su parte la Consejera del Cabildo agradece a Rose Marie el legado intelectual y cultural que aporta con sus obras a la Isla de La Palma.